15 de noviembre de 2006
Los saldos de Fox
En un par de semanas terminamos otra etapa en la historia de México con el cambio de Presidente y, como ha sido nuestra costumbre cada seis años, pensamos que el que sigue no puede ser peor. Es momento de hacer un balance sobre lo que hizo el Gobierno que está por concluir. Como es natural, si el vaso está a medias, hay quienes lo ven medio lleno y quienes lo ven medio vacío. En esta etapa, por una especie de catarsis psicológica nacional, será más fácil encontrar opiniones negativas acerca del desempeño del Gobierno saliente. Este sentimiento de desaprobación al Gobierno que concluye ayuda a que el ambiente sea mejor para el que inicia (que en esta ocasión buena falta hace).
En el ámbito social la percepción ciudadana es que no se hizo lo adecuado. La mejor prueba de ello es que la oposición casi gana usando como promesas de campaña propuestas sociales. En educación hubo ligeras mejoras, pero quedamos muy distantes de las metas fijadas. En salud, el Seguro Popular y la cobertura en vacunas fueron logros significativos, pero se critica duplicidad y pocos resultados. No se mejoraron los servicios del IMSS y de las secretarías de Salud federal y de los estados.
Las becas del Programa Oportunidades (herencia del Programa de Solidaridad del sexenio salinista) han sido criticadas de asistencialistas. Sin embargo, los estudios sobre sus impactos indican que han dado buenos resultados y los especialistas recomiendan que continúen. En vivienda también hubo logros importantes que se opacan por las acusaciones de corrupción en la asignación de permisos y contratos.
La disminución de la pobreza (de acuerdo a los datos oficiales) es, desde mi punto de vista, el mayor logro de la administración de Fox. Mucho queda por hacer ya que el nivel de pobreza sigue siendo altísimo, pero haber detenido su crecimiento es un logro que se debe fortalecer en la administración de Calderón.
La desigualdad no disminuyó. Aumentó la distancia entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco. En lo relativo a garantizar los derechos humanos, de acuerdo al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México, José Luís Soberanes, Vicente Fox deja a Felipe Calderón, una "herencia maldita".
En el ámbito económico es en donde hay mejores saldos, al menos en macroeconomía. La inflación está controlada a niveles aceptables, el peso cambió poco su paridad con el dólar, las reservas son significativas, disminuyó la deuda externa, aumentaron la inversión extranjera y las remesas, la Bolsa Mexicana de Valores ha dado buenos rendimientos, etc.
Lo lamentable es que no hayan mejorado los ingresos de las familias, que prácticamente quedaron iguales. Tampoco se notó la mejora en la captación de recursos fiscales que pudieran ayudar a compensar desigualdades. Contrario a lo que se hubiera esperado de un Gobierno con enfoque empresarial, bajamos varios lugares en competitividad. A pesar de que los datos oficiales indican que somos el país, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con menor desempleo, la mayoría de los empleos son indignos y por ello tenemos alta migración y el Presidente electo se ha autonombrado "Presidente del Empleo". Los sistemas de pensiones (IMSS, Pemex, ISSTE, etc.) no se sanearon, con lo que se postergó e incrementó uno de los problemas más serios que tiene México.
En lo relativo a la protección al medio ambiente no se detectan avances, ni siquiera se percibió la existencia de una política de desarrollo sustentable. Las autoridades dieron prioridad al desarrollo de empresas y viviendas en detrimento del medio ambiente. Tenemos niveles de irresponsabilidad ambiental que rayan en lo criminal, como el hecho de existir grandes ciudades que a la fecha no tratan sus aguas residuales (por ejemplo Guadalajara, ¡Gulp!).
Oportunidad desaprovechada
En el ámbito político los saldos son negativos. La gran oportunidad que representó la transición se desaprovechó. No se supo negociar con la oposición, perdieron credibilidad las instituciones, se debilitó nuestra incipiente democracia y existe peligro de ingobernabilidad. Felipe Calderón ganó por un ínfimo margen que debilita su autoridad y no tiene mayoría absoluta en el Congreso. Sin embargo, la mayoría relativa que tiene el PAN en la Cámara de Diputados garantiza que no se pueda revertir un veto del Ejecutivo.
La promesa de buen Gobierno quedó lejos de cumplirse. La percepción ciudadana sobre la corrupción aumentó. No se mejoró ni simplificó la recaudación de impuestos, la evasión fiscal y el comercio informal siguen en niveles escandalosos. La percepción sobre la transparencia gubernamental empeoró a pesar de que se considera un gran avance la Ley de Transparencia (seguimos creyendo que todo se resuelve a golpe de leyes). Al inicio del sexenio se establecieron coordinaciones por encima de las secretarías que fueron un fracaso. La descoordinación en el gabinete fue evidente. La seguridad disminuyó y el crimen organizado se fortaleció. Esta transición se ve poco tersa a pesar de que dicen que Fox y Calderón son del mismo partido. Tal vez la característica distintiva del Presidente Fox ha sido la frivolidad. En síntesis, perdimos otra oportunidad.
En un par de semanas terminamos otra etapa en la historia de México con el cambio de Presidente y, como ha sido nuestra costumbre cada seis años, pensamos que el que sigue no puede ser peor. Es momento de hacer un balance sobre lo que hizo el Gobierno que está por concluir. Como es natural, si el vaso está a medias, hay quienes lo ven medio lleno y quienes lo ven medio vacío. En esta etapa, por una especie de catarsis psicológica nacional, será más fácil encontrar opiniones negativas acerca del desempeño del Gobierno saliente. Este sentimiento de desaprobación al Gobierno que concluye ayuda a que el ambiente sea mejor para el que inicia (que en esta ocasión buena falta hace).
En el ámbito social la percepción ciudadana es que no se hizo lo adecuado. La mejor prueba de ello es que la oposición casi gana usando como promesas de campaña propuestas sociales. En educación hubo ligeras mejoras, pero quedamos muy distantes de las metas fijadas. En salud, el Seguro Popular y la cobertura en vacunas fueron logros significativos, pero se critica duplicidad y pocos resultados. No se mejoraron los servicios del IMSS y de las secretarías de Salud federal y de los estados.
Las becas del Programa Oportunidades (herencia del Programa de Solidaridad del sexenio salinista) han sido criticadas de asistencialistas. Sin embargo, los estudios sobre sus impactos indican que han dado buenos resultados y los especialistas recomiendan que continúen. En vivienda también hubo logros importantes que se opacan por las acusaciones de corrupción en la asignación de permisos y contratos.
La disminución de la pobreza (de acuerdo a los datos oficiales) es, desde mi punto de vista, el mayor logro de la administración de Fox. Mucho queda por hacer ya que el nivel de pobreza sigue siendo altísimo, pero haber detenido su crecimiento es un logro que se debe fortalecer en la administración de Calderón.
La desigualdad no disminuyó. Aumentó la distancia entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco. En lo relativo a garantizar los derechos humanos, de acuerdo al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México, José Luís Soberanes, Vicente Fox deja a Felipe Calderón, una "herencia maldita".
En el ámbito económico es en donde hay mejores saldos, al menos en macroeconomía. La inflación está controlada a niveles aceptables, el peso cambió poco su paridad con el dólar, las reservas son significativas, disminuyó la deuda externa, aumentaron la inversión extranjera y las remesas, la Bolsa Mexicana de Valores ha dado buenos rendimientos, etc.
Lo lamentable es que no hayan mejorado los ingresos de las familias, que prácticamente quedaron iguales. Tampoco se notó la mejora en la captación de recursos fiscales que pudieran ayudar a compensar desigualdades. Contrario a lo que se hubiera esperado de un Gobierno con enfoque empresarial, bajamos varios lugares en competitividad. A pesar de que los datos oficiales indican que somos el país, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con menor desempleo, la mayoría de los empleos son indignos y por ello tenemos alta migración y el Presidente electo se ha autonombrado "Presidente del Empleo". Los sistemas de pensiones (IMSS, Pemex, ISSTE, etc.) no se sanearon, con lo que se postergó e incrementó uno de los problemas más serios que tiene México.
En lo relativo a la protección al medio ambiente no se detectan avances, ni siquiera se percibió la existencia de una política de desarrollo sustentable. Las autoridades dieron prioridad al desarrollo de empresas y viviendas en detrimento del medio ambiente. Tenemos niveles de irresponsabilidad ambiental que rayan en lo criminal, como el hecho de existir grandes ciudades que a la fecha no tratan sus aguas residuales (por ejemplo Guadalajara, ¡Gulp!).
Oportunidad desaprovechada
En el ámbito político los saldos son negativos. La gran oportunidad que representó la transición se desaprovechó. No se supo negociar con la oposición, perdieron credibilidad las instituciones, se debilitó nuestra incipiente democracia y existe peligro de ingobernabilidad. Felipe Calderón ganó por un ínfimo margen que debilita su autoridad y no tiene mayoría absoluta en el Congreso. Sin embargo, la mayoría relativa que tiene el PAN en la Cámara de Diputados garantiza que no se pueda revertir un veto del Ejecutivo.
La promesa de buen Gobierno quedó lejos de cumplirse. La percepción ciudadana sobre la corrupción aumentó. No se mejoró ni simplificó la recaudación de impuestos, la evasión fiscal y el comercio informal siguen en niveles escandalosos. La percepción sobre la transparencia gubernamental empeoró a pesar de que se considera un gran avance la Ley de Transparencia (seguimos creyendo que todo se resuelve a golpe de leyes). Al inicio del sexenio se establecieron coordinaciones por encima de las secretarías que fueron un fracaso. La descoordinación en el gabinete fue evidente. La seguridad disminuyó y el crimen organizado se fortaleció. Esta transición se ve poco tersa a pesar de que dicen que Fox y Calderón son del mismo partido. Tal vez la característica distintiva del Presidente Fox ha sido la frivolidad. En síntesis, perdimos otra oportunidad.


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